Por qué en verano nos sentimos más cansados aunque descansemos más

Un momento de pausa para escuchar lo que necesitas

Hay días de verano en los que todo parece ir un poco más despacio.

Te levantas después de haber dormido más horas de lo habitual. Intentas aprovechar el día, pero notas que la energía no responde como esperabas. Las tareas más sencillas requieren un poco más de esfuerzo y, aunque no has hecho nada especialmente intenso, al llegar la tarde sientes que necesitas volver a parar.

Es una sensación más frecuente de lo que imaginamos.

Muchas personas creen que el verano debería ser la época del año en la que recuperamos fuerzas. Sin embargo, no siempre ocurre así. El calor modifica nuestros hábitos, cambia la calidad del descanso y obliga al cuerpo a adaptarse continuamente a unas condiciones diferentes.

En nuestro artículo "Cuando el calor cambia tu ritmo" hablábamos de cómo las altas temperaturas transforman la forma en la que vivimos el día a día. Hoy queremos detenernos en una de las consecuencias más habituales de ese cambio: esa sensación de cansancio que aparece incluso cuando creemos que estamos descansando lo suficiente.

Porque comprender lo que nos ocurre también es una forma de cuidarnos.

Cuando descansar más no se traduce en tener más energía

Estamos acostumbrados a relacionar el cansancio con el exceso de trabajo o con dormir pocas horas.

Sin embargo, el verano nos recuerda que el cuerpo es mucho más complejo.

Aunque reduzcamos el ritmo, nuestro organismo sigue realizando un esfuerzo constante para mantener el equilibrio. Regular la temperatura corporal, adaptarse al calor y responder a los cambios propios de esta época del año requiere energía, aunque apenas seamos conscientes de ello.

Por eso puede suceder algo que, a primera vista, parece contradictorio: hacer menos cosas y sentirnos más cansados.

No significa necesariamente que estemos descansando mal. Muchas veces significa, simplemente, que nuestro cuerpo está haciendo un trabajo silencioso para adaptarse.

El trabajo silencioso que hace tu cuerpo durante el calor

Mientras continúas con tu rutina, tu cuerpo intenta mantener una temperatura estable para que todos sus sistemas funcionen correctamente.

Es un proceso natural que ocurre sin que tengamos que pensar en él, pero que también consume recursos.

A ese esfuerzo se suman otros pequeños cambios que suelen aparecer durante el verano: noches más calurosas, horarios diferentes, menos actividad física o una hidratación que, sin darnos cuenta, puede no ser suficiente.

Cada uno de esos cambios parece pequeño por separado.

Juntos, sin embargo, pueden explicar por qué algunos días sentimos que la energía no alcanza para todo lo que nos gustaría hacer.

Dormir muchas horas no siempre significa descansar mejor

Cuando hablamos de descanso solemos pensar en cantidad.

Pero el descanso también tiene que ver con la calidad.

Las noches especialmente calurosas pueden hacer que el sueño sea menos profundo, incluso aunque permanezcamos muchas horas en la cama. Podemos despertarnos varias veces sin recordarlo o descansar de una forma menos reparadora.

Por eso algunas personas tienen la sensación de haber dormido bastante y, aun así, levantarse con el cuerpo pesado y la mente algo más lenta.

No siempre necesitamos dormir más.

A veces necesitamos dormir mejor.

La presión de tener que disfrutar del verano

Existe una idea muy extendida de que el verano debería llenarnos de energía, planes y ganas de hacer cosas.

Cuando nuestra realidad no coincide con esa imagen, es fácil pensar que algo no va bien.

Nos exigimos aprovechar cada día, mantener el mismo rendimiento o sentirnos igual de activos que en otras épocas del año.

Sin embargo, el cuerpo no entiende de expectativas.

Entiende de necesidades.

Aceptar que nuestra energía también cambia con las estaciones nos ayuda a vivir este periodo con menos exigencia y con una mirada más amable hacia nosotros mismos.

Escuchar antes de intentar corregir

Cuando aparece el cansancio solemos buscar soluciones inmediatas.

Queremos recuperar cuanto antes el ritmo que teníamos hace unas semanas o volver a sentirnos igual de productivos.

Pero quizá merece la pena detenerse un momento antes de luchar contra esa sensación.

No todo cansancio es un enemigo.

En ocasiones también es una forma de lenguaje.

El cuerpo no siempre nos habla a través del dolor. A veces nos pide bajar el ritmo para recordarnos que necesita ser escuchado.

Reconocer esa diferencia no significa resignarse. Significa aprender a responder con más atención y menos exigencia.

Nuestro ritmo también cambia con las estaciones

La naturaleza cambia con el paso del año y nosotros también formamos parte de ese mismo ciclo.

Hay estaciones que invitan a comenzar proyectos, otras que favorecen la actividad y otras que nos recuerdan la importancia de hacer espacio para el descanso.

El verano no tiene por qué vivirse con prisas.

Quizá no necesites recuperar la energía que tenías hace unos meses.

Quizá solo necesites descubrir cuál es el ritmo que tu cuerpo puede sostener hoy.

Escucharlo también es una forma de bienestar cotidiano.

Sentirse más cansado durante el verano no siempre significa que estés haciendo algo mal ni que necesites esforzarte más.

En muchas ocasiones es la respuesta natural de un cuerpo que está adaptándose al calor, a cambios en el descanso y a un ritmo diferente de vida.

Después de comprender que el calor puede cambiar nuestro ritmo, quizá el siguiente paso no sea intentar volver cuanto antes a la rutina de siempre.

Quizá sea aprender a escuchar con más atención lo que nuestro cuerpo lleva tiempo intentando decirnos.

Porque cuidarnos no consiste únicamente en hacer más cosas por nosotros.

También consiste en comprender cuándo necesitamos hacer un poco menos.

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