El cansancio invisible de las madres
Hay un agotamiento que nadie ve, pero que vive en cada madre.
Hay un tipo de cansancio que no hace ruido.
No se nota en la cara, ni en la voz, ni en la forma de caminar.
Pero está ahí.
Debajo de todo.
Sosteniendo todo.
Es el cansancio de pensar por todos.
De anticipar.
De recordar.
De sostener lo que se cae y lo que aún no ha pasado.
Ese cansancio que no se descansa durmiendo, porque no nace del cuerpo,
sino del peso emocional que una madre carga sin decirlo.
A veces, lo más duro no es la falta de tiempo.
Es la falta de espacio.
De un lugar donde soltar.
De un momento donde no ser “la que resuelve”,
“la que cuida”,
“la que sostiene”.
Y aunque nadie lo vea, tú lo sientes.
En el pecho.
En la mente.
En esa sensación de ir siempre un paso por detrás de ti misma.
Este artículo no viene a darte soluciones.
Viene a darte permiso.
A recordarte que tu cansancio también importa.
Que tu bienestar también cuenta.
Que tú también mereces un respiro.
Porque incluso lo invisible necesita ser nombrado
para empezar a sanar.
Si hoy te pesa, no estás sola.
Respira un momento.
Aquí también puedes descansar.

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